Ediciones Alfabia → Libros → Siempre lecturas no obligatorias

Datos de la edición

ISBN 978-84-940928-8-6 Pag 252 P.V.P. Formatorústica, 20 x 13 cm
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Siempre lecturas no obligatorias

Wislawa Szymborska

Traducción del Polaco: Manel Bellmunt
«Al llegar al capítulo dedicado al café y el té me he detenido de repente, embargada por un aturdimiento de extraordinarias dimensiones. Si en otro tiempo no se conocían estas benditas bebidas, ¿cómo se las arreglaba la literatura sin ellas? ¿Cómo se escribían todas esas grandes obras? ¿Con qué se activaba Platón cuando se despertaba medio atontado por las mañanas? ¿Qué hacían los miembros de la ekklesía cuando la presión atmosférica se hacía insoportable? ¿Cómo se las arreglaban los hipotensos, entre los que probablemente se contaban Teócrito, Horacio o Tácito? ¿Qué bebían para avivar el desfallecimiento de la vena creadora? ¿Vino? El vino es una bebida alcohólica que primero estimula la conversación, luego el canto coral y finalmente el sueño. No crea las condiciones idóneas para el trabajo en soledad. ¿La cerveza? Como es sabido, la cerveza turba la mente. ¿Alguna otra bebida alcohólica más fuerte? Aún menos. Puede que muchas de las grandes obras deban su origen a una fuerte resaca, pero esto es solo porque, cuando tenemos una, nos bebemos un buen tazón de café bien cargado. ¿Hidromiel? ¡Por Dios! ¡Piedad! Ninguna de las bebidas alcohólicas mencionadas anteriormente paraliza las facultades mentales de manera tan fulgurante. Entonces, ¿alguna hierba con efectos narcóticos? Hasta el momento no se conoce ninguna. Además, el precio a pagar por una breve excitación de la imaginación mediante el uso de narcóticos es un embotamiento aún mayor, algo que los autores de todas esas obras, planeadas y cinceladas durante años, no se pueden permitir. Habrá que hacerse a la idea de que cuando a los Tucídides, Aristóteles y Virgilios les invadía el sueño mientras trabajaban, hundían la cabeza en agua fría y, después de eso, resoplaban y volvían al trabajo».

Los textos reunidos en Siempre lecturas no obligatorias, tercer volumen de las prosas de Wislawa Szymborska, demuestran una vez más el estilo, ingenio e inteligencia de una de las mayores escritoras europeas del siglo XX. Estos escritos configuran un compendio de reseñas y comentarios de libros que ofrecen reflexiones lúcidas, irónicas y juguetonas sobre los temas más dispares. Desde análisis sobre autores clásicos como Goethe, Dickens o Valéry, hasta brillantes e incluso divertidas opiniones en torno a las enfermedades mentales, el papel de la mujer en la edad media, la ciencia de la meteorología y tantos otros asuntos que interesaron a una mente que aquí se revela asociada a la larga estela del humanismo. El lector podrá descubrir el amplio conocimiento de Wislawa Szymborska en materias como cine, música, historia o antropología y, al mismo tiempo, gozar de la belleza de una prosa exquisita que le llevará de la reflexión a la risa, del asombro a la emoción del descubrimiento de lo insólito.

Comentarios

Pertenecía a ese grupo de escritores capaces, durante un par de segundos, de crear su propia confusión, casi su propia costumbre. Esbozaba su propia atmósfera, su propia clase de humor.

Edward Balcerzan

Wislawa Szymborska era una de las pocas poetas que no solo son capaces de percibir qué hay de trágico en la vida, sino también, qué hay de cómico en ella.

Woody Allen

Reseñas

  • Lecciones de apetito

    Las reseñas que la Nobel Wislawa Szymborska publicaba en la prensa polaca, reunidas ahora en un libro, conservan el sentido del humor característico de sus poemas

    Martín López-Vega cultura.elpais.com 12 ABR 2014
  • Los últimos poemas de Szymborska

    'Hasta aquí' reúne los 13 poemas póstumos de la Nobel polaca

    Otro libro completa sus artículos en prosa publicados en la prensa de su país

    Entrevista a Szymborska en 2009

    Ligeramente grave, por FERNANDO SAVATER

    Winston Manrique Sabogal cultura.elpais.com Madrid 23 JUN 2014
  • El mayor secreto de Szymborska

    Un año después de la muerte de la Nobel Polaca se sabe que la poeta destinó buena parte del premio a ayudar a otros escritores. Sabemos lo que algunos ganadores del Nobel de Literatura hicieron con el dinero del premio. Yeats se compró una jaula de oro para los cincuenta canarios que tenía en su estudio y luego invirtió el dinero en valores seguros de Bolsa. García Márquez metió el dinero en un banco suizo. Samuel Beckett -cuya mujer exclamó «¡Qué catástrofe!» al oír la noticia del premio- destinó el dinero a obras de beneficencia y a ayudar a escritores necesitados, en especial a Djuna Barnes, que por entonces vivía en la miseria en un apartamento de Greenwich Village, y al joven y casi desconocido B. S. Johnson. De Cela sabemos que se compró una casa en Guadalajara, y de otros escritores podemos imaginar que se compraron casas en otros sitios: en París, en Nueva York, o quizá en Venecia o en la Costa Azul.

    Eduardo Jordá abc.es 05/02/2013